viernes, 19 de enero de 2007

El baile.

Tus primeros pasos: el Baile.

El Baile: dícese de los movimientos rítmicos, encadenados, con cadencia, elegancia y soltura que el resto de personas (especialmente ellas), realizan al son de una música que nunca llevamos en el coche.

Últimamente y por aquello de las modas, el saber dominar el propio cuerpo, especialmente los pies y la cintura, durante el seguimiento “oidocorporal” de una canción con ciertos tintes caribeños, se ha convertido en fundamental. En las siguientes líneas te vamos a desvelar el secreto de cómo triunfar una noche festiva en plena pista, luciendo tu ritmo, tu gracia y tu barriga cervecera.

El Ritmo: El resto de la humanidad nace con él. Tú tienes que alcanzarlo. Es el punto de unión entre la música que suena y los movimientos ridículos de tu cuerpo. Sabremos cuándo lo hemos alcanzado en el momento en que el resto de bailantes dejen de mirarnos como si llevásemos la bragueta en los tobillos.

La Música: Además del Punk, el Rock y el Jevi, existen multitud de estilos musicales que desconocemos. Todos ellos tienen una forma característica de ser bailados, por lo que nuestra recomendación es aprender cuatro o cinco pasos que sirvan como soporte a posteriores piruetas personalizadas. Un dato importante es que la musica bailable no es cantable, por lo que no te aprendas las letras ni les busque sentido. La letra va de adorno.

El Aprendizaje: Busca un bar donde observes los pasos fundamentales. Abundan como políticos. Memorizalos y repítelos. La cadera se oscila sensualmente de izquierda a derecha sin mover los hombros, mientras los pies repiten una serie de pasos adelante detrás, izquierda derecha… y es posible hacerlo. Yo lo he visto.

El Calentamiento: Antes de lanzarnos a la vorágine de la pista de baile, conviene probar nuestras habilidades en alguna cena de esas que acaban en San Juan a las mil. Localizar un garito tranquilo donde dispongamos de un espacio mínimamente aceptable para realizar nuestras cabriolas. Bailar o moverse o lo que sea durante dos o tres minutos para acto seguido observar atentamente los rostros de aquellas personas que han sido testigos de nuestra hazaña. Con esto nos haremos una idea del nivel en el que nos encontramos.

La Noche “N”: Es como el día “D” pero por la noche. Es la noche elegida para deslumbrar a todo Pamplona con nuestras habilidades rítmicas, con nuestro frenesí más cautivador, con nuestro cuerpo y su encanto y, por supuesto, con nuestra capacidad de absorción de ron cubano. Esta noche tan importante necesitaremos de la colaboración de un grupo de amigos que, en el mismo momento en el que nos pegamos a la morenaza piel-canela-ojos-almendra para ejercitar nuestro dominio sobre la salsa, organice un círculo a nuestro alredor para, en primer lugar, impedir que nuestra acompañante nos abandone en el primer arrejuntón y en segundo, para que el resto de la concurrencia no imite los pasos tan particulares que brotan de nuestro instinto “bailaor”.

Una vez consumada la faena, podemos volver al mus, el futbolín, a escuchar a Green Day intentando tocar el techo del Garazi con la cabeza o a descubrir que en el Charlot ponen unos mojitos de muerte. Lo del baile es como la bici. No se olvida nunca. Además, siempre hay alguna de esas bodas con baile en las que demostrar nuestra sapiencia corporea móvil y tampoco es cuestión de gastarse en un solo día.

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