Odisea en Pamplona: el Cine .
Dícese de aquella situación tradicional en la capital navarra, en la que seis mil personas se abalanzan sobre diferentes enclaves en una serie de pruebas eliminatorias, con el propósito de pasar dos horas contemplando una ficción en pantalla gigante con sonido dolby sourround digital force entablishment, y engullir en ese mismo periodo, 400 gramos de patatas, ganchitos, bolitas al queso, riskys y cortezas de cerdo, 650 gramos de azúcar en forma de gomas de colorines, 230 gramos de chocolate con frutos secos y 330 centilitros de un líquido naranja fosforito, marrón pobre, amarillo paja o verde oliva que, una vez analizado se determina como un compuesto de frutas, conservantes, acidulantes y estabilizantes, todo ello de lo más natural.
Esta tradición, profundamente arraigada en la práctica totalidad de la población pamplonesa, necesita de aquellos practicantes toda una preparación, tanto física como síquica, que hace de aquellos que logran la consecución completa de todas sus pruebas, personas diríamos que como venidas de otra galaxia.
En el siguiente estudio vamos a intentar introducir a los neonatos, extranjeros, aldeanos y demás seres allende de los mares, en la tradición, sus partes y sus trucos, de forma que puedan integrarse en la sociedad pamplonesa sin que peligre su integridad, tanto física como económica.
Tenemos que partir del hecho incontestable de que el Cine es una necesidad básica. Con la práctica de esta tradición conseguiremos poder jugar al trivial sin miedo a caer en las preguntas de este género. Podremos participar en las conversaciones más interesantes durante gran parte de la semana, sin miedo a confundir a Van Damm con una cerveza cubatera (por lo del precio) o a Leonardo di Caprio con un vidente del tarot de los que sale en telecirco por la madrugada. Y también nos ayudará a regular nuestro peso, ya que los empachos de chuches nos obligarán a pasar por el gimnasio el resto de la semana.
1. Todo comienza el domingo hacia las 14 horas. El primer punto, fundamental, es proveerse de la prensa local diaria. Para ello, debemos contar con la colaboración desinteresada de la mamá, el hermano deportista o el perro hábilmente adiestrado, que han conseguido hacerse con un ejemplar con su semanal, su guía informática para retrasadísimos capítulo 346 bis, su manual del buen robasetas, su diccionario acelerado para dominar el esloveno en 3 horas, y la copa de vino modelo etrusco que completa la cuarta parte de la vajilla neozelandesa del periodo prepirenaico.
2. Una vez provistos del periódico, localizaremos a gran velocidad la página dedicada a Cartelera. Muy importante localizar esta página en primer lugar, ya que la sección de deportes puede hacernos perder un tiempo precioso, entre la última victoria del Portland y la “casi segura aunque no exenta de sorpresas” alineación de Osasuna.
3. Ya tenemos la cartelera delante de nuestras narices. Llega el momento de elegir la película. Es recomendable enumerar las que nos llamen la atención con numeritos, atendiendo a nuestras preferencias. Por ejemplo, la que seguro que será un peliculón con acción, tiros, violencia subliminal, en la que destripan a 300 tíos en medio de un desembarco, con explosiones supereales, la número uno. La que tiene pinta de risas, con puntazos corrosivos, indirectas hacia no sé qué políticos americanos que, aunque no te enteres de la mitad, tiene que estar mortal, la número dos. Recomendamos no pasar del número cinco. Más que nada por que es muy complicado llegar a interesarse por más de cinco películas de la misma cartelera.
4. Una vez confeccionada esta lista, nos pondremos en contacto con la persona que nos va a acompañar al Cine. Es muy importante no acudir al Cine sólo o sola. No tienes a nadie para que te sujete las palomitas mientras te quitas el abrigo ni tienes a alguien que te pregunte quién es ese que acaba de salir, por qué se muere ahora el protagonista o cómo es que se quita los calzoncillos sin tocar el pantalón. Tras este punto, la lista que acababas de hacer pasará a mejor vida, sustituida por la “amable colaboración” que te llega desde el otro lado del teléfono, acompañado del cariñoso “hoy me toca elegir a mí. Estoy harta de tragarme películas de tiros con sangre y toda esa mierda”.
5. Una vez localizado el objetivo para este domingo, engulliremos la comida a todo correr, no pondremos un chándal apresuradamente y saldremos, a eso de las 15,07 horas hacia la taquilla en cuestión. La Taquilla es el punto de unión entre las voluntades de aproximadamente el doble de la capacidad de la sala donde proyectan la película. Se deja el coche en tercera fila, preocupándonos de que la villavesa pase más o menos bien (tienen emisora y la grúa se pone muy pesada), y ante la perspectiva de 400 personas en fila india ante un agujerito pequeño, tenemos varios roles opcionales a los que adherirnos:
· El Pacificador: Ocupar un dignísimo puesto 408. Con un poco de suerte nadie irá a ver el único estreno de esa semana, que tiene 35 nominaciones a los Óscar, en la que sale ese pedazo de actor, que dura casi tres horas y que la crítica dice que es im-prescindible.
· El Caradura: Recorrer la cola buscando ese rostro conocido que nos ayudará a conseguir las entradas, sin que se note demasiado, ya que éticamente eso no está bien. O al menos eso dice siempre la persona que va inmediatamente detrás del conocido y que además tiene un oído que parece un radar.
· El Ultracaradura: La primera parte es como la anterior, solo que no encontramos a nadie y decidimos hacernos amigo del primer despistado que nos encontramos, poniéndonos justo delante de él. El problema estriba en que a nada que nos pillen, hay que hacerse muy amigo de los trescientos que no estaban tan despistados.
· El Anárquico: Busca el reestreno de la sala especializada esa a la que no va casi nadie. El problema viene cuando se intenta explicar a tu acompañante que es un peliculón, que el sonido es mucho mejor, que las butacas son auténticos oasis de relax y que el horario deja más tiempo para entablar una bonita conversación acerca del director y sus tendencias.
6. Supongamos en un alarde de imaginación que ya somos los afortunados poseedores de las entradas, más o menos bien situadas y más o menos de la película que queríamos. Viene el gran momento de la velada, el sutil toque de elegancia a nuestro vestuario dominguero, el espectacular derroche de táctica, anticipación y juego de pies y manos: aparcar. No vale aparcar a más de diez manzanas de nuestro objetivo, ya que en ese caso has hecho el tonto llevando el coche. Los más hábiles en este tipo de maniobras optan por arrastrarse hasta un parking (dícese del lugar público o privado en el que tu coche se revaloriza a una media de 3 euros la hora). Otros prefieren vaciar un poco el depósito y restar peso al coche dando vueltas a la misma manzana, con el claro objetivo de que el coche pueda subir el pedazo escalón de la acera. El resto inicia un baile majestuoso de luces, intermitentes, bocinazos, derrapadas, y maniobras imposibles, hasta que encuentran el hueco perfecto.
7. Al Cine no se puede ir de vacío. Es costumbre acompañar la película con una buena provisión de alimentos y bebidas. No vale llevarse el bocata de chorizo de casa o la lata de calamares, ya que los vecinos de butaca pueden sentirse un tanto molestos por el agradable aroma. Tampoco conviene llevarse alimentos como costillas o chistorra para hacérselos en el Cine. Eso es para las costilladas y los calderetes. Podemos suplirlos con unos alimentos especialmente indicados para esta ocasión, ricos en proteínas, lípidos, azúcares, colesterol, grasas y otros ingredientes incalificables que logran, en su conjunto, unos sabores entusiastas. Además, en caso de que el sonido de la película en cuestión no sea el más aceptable, podemos crear nuestros propios efectos especiales con el sonido de las bolsas, el sorber de la pajita, el crujir de las delicias en nuestra boca y algún que otro juramento cuando el conguito ha decidido emprender la huida por entre la ropa.
8. Ya estamos preparados para ilusionarnos, reírnos, emocionarnos, llorar e incluso dormir un rato. Todo por obra y gracia de un montón de personas que han hecho posible que, a cambio de poco más de 6 euracos, podamos disfrutar de un sueño hecho realidad ante nuestros ojos.
9. Por último, conviene dejar el cine tal y como lo encontraste. Es decir, con su alfombra de palomitas y deshechos. Crea ambiente para la siguiente sesión.
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